DEL ANTI-NEOLIBERALISMO AL ANTI-CAPITALISMO Y AL SOCIALISMO

“Las categorías -de frente único, las reivindicaciones transitorias, del gobierno obrero- defendidas por Trotsky, pero también por Thalheimer, Radek, Clara Zetkin en el debate programático de la Internacional Comunista hasta el VIº Congreso de la IC pretenden precisamente articular el acontecimiento (revolucionario) con sus condiciones de preparación, las reformas con la revolución, el movimiento y el objetivo... Paralelamente, los conceptos de hegemonía y de “guerra de posiciones” en Gramsci van en el mismo sentido… Así, nosotros nos oponemos a la idea de disociar y de fijar un programa mínimo (“antiliberal”) y un programa “máximo” (anticapitalista), convencidos de que un antiliberalismo consecuente acaba en el anticapitalismo, y que los dos son integrados por la dinámica de las luchas.” -Daniel Bensaïd, SOBRE EL RETORNO DE LA CUESTIÓN POLÍTICA-ESTRATÉGICA

Parece que se viven nuevos tiempos en la lucha política en México. Mientras el capitalismo salvaje y neoliberal sólo genera degradación y barbarie social, ecológica, económica e ideológica, los trabajadores han empezado a reunirse (en torno al SME, en el pasado Congreso Social) para discutir cómo pasar de las luchas de resistencia a las políticas estratégicas de su emancipación. En tanto el régimen oligárquico domina sin generar legitimidad, consenso o hegemonía, la mayoría de los diversos movimientos y organizaciones sociales dirigen su mirada a la coyuntura electoral del 2012 sopesando la posibilidad de participar en ella para combatir las políticas neoliberales.


El SME, después de meses de lucha por todos los medios contra el decreto gubernamental que pretende liquidarlo, se ha planteado trascender el estrecho campo de batalla sindical para pasar a la disputa política. En ese sentido ha propuesto tres tareas básicas: 1) formar una nueva Central de los Trabajadores, verdaderamente representativa de sus intereses, 2) reunir un Gran Congreso Social que discuta, desde la perspectiva de los trabajadores y movimientos sociales, un nuevo proyecto de nación, y 3) constituir un instrumento político de los trabajadores y el pueblo.
Por su parte, el Congreso Social discutió, fuera de la agenda establecida, la necesidad de unir fuerzas para incidir en las próximas elecciones y combatir al neoliberalismo.
En estas discusiones se ha vuelto a plantear la necesidad de un proyecto que vaya más allá del anti-neoliberalismo: las posturas anti-capitalistas traen de retorno la necesidad de un horizonte estratégico socialista.  
Ubicándose en este debate, el PRT ha planteado una política de Frente Único, en principio contra el neoliberalismo, que permita conjuntar una fuerza política que enfrente al régimen oligárquico actual e introduzca, con demandas de transición, una dinámica anti-capitalista y socialista que signifique el recomienzo de la revolución permanente. En ese marco de política estratégica hemos saludado de manera pública la iniciativa política del SME así como, con críticas, el Proyecto Alternativo de Nación del movimiento cívico-electoral organizado en torno a la candidatura presidencial de AMLO.
Sobre nuestras posturas políticas, Pablo Oprinari de la LTS ha elaborado una crítica, “Anticapitalismo, antineoliberalismo y clasismo”, a la que queremos contestar y al mismo tiempo abrir un debate sobre las tácticas y las estrategias de la izquierda socialista revolucionaria.
De esta manera parece cumplirse en México aquella “profecía” o apuesta activa de nuestro camarada Daniel Bensaïd sobre el retorno de la cuestión político-estratégica en la izquierda.
I. Sobre las herramientas políticas necesarias (a propuesta del SME) y nuestras diferencias
Para aclarar y centrar la polémica en sus puntos principales, intentaremos atenernos a las coincidencias y las diferencias en el terreno nacional y con respecto a lo planteado en los documentos aludidos. Para no hacer decir a la otra parte lo que no ha dicho, más vale citarla:
“Desde la LTS consideramos fundamental –y así lo hemos manifestado en el mencionado artículo- la denuncia y el llamado a luchar contra la antidemocracia electoral, que restringe y condiciona la participación política con registro de las organizaciones obreras y de izquierda. Junto a esto, es imperioso impulsar toda tendencia hacia la independencia política de la clase obrera respecto a las distintas alternativas burguesas, lo que implica plantear la necesidad de una herramienta política de los trabajadores. La constitución de una Asociación Política Nacional (APN), como la anunciada por la dirección del SME, podría ser un paso en ese camino si asumiera una política, un programa y una clara delimitación de los partidos y programas patronales.”
De acuerdo a lo anterior, todo parece indicar que coincidimos en lo siguiente:
1) En la posibilidad de una participación electoral como una cuestión táctica o para difundir las posturas y políticas de una izquierda socialista;
2) En las dudas sobre los destinos de los partidos en la esfera política burguesa (subordinación al sistema capitalista, corrupción, burocratismo y clientelismo, pérdida de principios, etc.); y
3) En la necesidad de un partido obrero, en la urgencia de la construcción de una herramienta política de los trabajadores que preserve su independencia de clase.
Pero luego se plantean las diferencias, que vale la pena citar:
“Las organizaciones marxistas debemos proponer una perspectiva para avanzar en ese camino (política y programa que delimite independencia de clase), y alertar sobre los peligros que implicaría que esa APN se subordine a alguno de los partidos y candidatos “opositores” en las próximas elecciones, “justificándose” en que las restricciones legales (que impiden a las APN participar por su propia cuenta en las contiendas electorales) sólo dejarían esa opción. Frente a eso, por ejemplo, en el artículo citado desde la LTS planteamos que, frente a las restricciones de este régimen, una alternativa podría ser impulsar, hacia el 2012 una candidatura independiente y sin registro, discutida democráticamente por organizaciones obreras y de izquierda. Llama la atención la apresurada conclusión que extrae el PRT, en cuanto a que la propuesta de Esparza supondría, en sí misma, “una perspectiva de lucha que va más allá de una campaña electoral coyuntural”. Según entendemos de la lectura de su declaración, esto se sustentaría en la consideración de que “…es la trayectoria de lucha del SME, no solo de sus casi 100 años, sino especialmente en la lucha contra la extinción de la CLyF la dinámica del movimiento es claramente de oposición, clasista y de ruptura radical con el poder actual”.
Primera diferencia: política sectaria o táctica de Frente Único.
En la perspectiva de Pablo Oprinari (que no sabemos si expresa una opinión personal, de la LTS o de su dirección política), la cuestión de la táctica electoral con independencia de clase y no subordinación política se reduce a no buscar alianzas con partidos o candidatos opositores (la alusión al movimiento de AMLO es clara) y por eso propone “una candidatura independiente y sin registro”. En abstracto, esta propuesta es, en efecto, una política de izquierda posible. Siempre es posible hacer abstracción de la dinámica de los movimientos sociales, olvidarse incluso de que pueden confrontarse con el bloque político en poder (con el PRI y el PAN), ponerse al margen e incluso ir a contracorriente de ellos. Eso, sin duda alguna, asegura la pureza de la secta y, por lo mismo, expresa una política de secta, sectaria. Tal parece que sólo es correcto proponer frentes y hacer política si el movimiento social es de entrada anticapitalista y socialista:   
“Que López Obrador y la dirección de su movimiento choquen con los intereses políticos de priistas y panistas, dice Pablo Oprinari, nada tiene que ver con un curso anticapitalista.”
Sin embargo, las políticas de la izquierda socialista deben partir de lo concreto, que es un devenir totalizador, contradictorio y complejo, que abre posibilidades de intervención política. Sólo dejando de lado lo concreto se puede soslayar la importancia de la próxima coyuntura electoral y del movimiento cívico más importante que se dispone a luchar contra el actual régimen oligárquico y el neoliberalismo; encerrados en sí mismos es posible hacer abstracción de un momento político que puede cambiar la correlación de fuerzas en la lucha de clases de nuestro país.
Tratando de hacer política de izquierda pero considerando el complejo e incierto momento concreto actual, en el PRT se discute una política de Frente Único contra un enemigo común (¡el bloque histórico en el poder y su programa neoliberal!), sin subordinarse a ninguna fuerza burguesa o nacionalista, por el contrario: llevando a ese movimiento demandas de transición que permitan pasar del anti-neoliberalismo al anti-capitalismo, de la revolución democrática a la revolución permanente.
Nadie en el PRT pretende dar una justificación “clasista” a una estrategia reformista porque nuestra perspectiva no es la de reformar al capitalismo (o subordinarnos a reformistas): lo que estamos discutiendo en el PRT es cómo hacer política desde la izquierda socialista tomando en cuenta la complejidad de la coyuntura actual, las fuerzas sociales y políticas que chocan entre sí, así como las posibilidades que encierra para una estrategia de transformación radical, arriesgándonos a realizar apuestas políticas que nos permitan llevar demandas de transición y nuestras banderas socialistas a los movimientos sociales que, desde nuestro punto de vista, están pasando de la lucha sindical a la disputa política (SME), de las luchas de resistencia a la discusión sobre la estrategia revolucionaria (Congreso social). Pensamos que algunas fuerzas agrupadas en torno al movimiento de AMLO pueden pasar, en la coyuntura política electoral y poselectoral próxima, de la lucha democrática y anti-neoliberal a posturas anti-capitalistas y socialistas.
Tal es nuestra apuesta política.
Lo que es claro es que no esperamos un movimiento social que ya sea anticapitalista y socialista puro para sumarnos a él: más bien pretendemos ir a los diversos movimientos sociales para introducir en ellos una dinámica anticapitalista y socialista, para volvernos una fuerza política que tenga una incidencia efectiva en la lucha de clases. Tal es el sentido de nuestra política de Frente Único.
Releyendo a Trotsky sobre este tema, éste insistía en que el Frente Único no debe enfocarse como una mera relación entre direcciones políticas sino como definido por “la urgente necesidad de asegurarle a la clase obrera la posibilidad de un Frente Único en la lucha contra el capitalismo.” ¿Y acaso no hay en nuestro país un reclamo generalizado entre las fuerzas organizadas de los trabajadores de unidad contra el neoliberalismo? Porque, enfatizaba Trotsky, el partido revolucionario no se reduce a una “sociedad propagandística” ya que aspira a ser “una organización para la acción de masas.” Más adelante volveremos sobre este tema.
Aunque coincidimos en la importancia de la lucha del SME y de sus iniciativas políticas, Pablo Oprinari resalta nuestras diferencias:
“La declaración del PRT mete en el mismo saco la dinámica combativa expresada por la movilización de la base electricista, -su decisión de luchar contra el decreto mediante manifestaciones, acciones radicales y plantones que, efectivamente planteaban la necesidad de una perspectiva clasista-, con la política de la dirección del SME, que iba justamente en contra de esa dinámica.”
Antes de plantear las diferencias, que efectivamente existen, pongamos las cosas como fueron y son. En primer lugar, la perspectiva clasista que se atribuye a la “base electricista” en sus movilizaciones, supuestamente opuesta a la dirección del SME, se reduce a la de la lucha “contra el decreto”, a una lucha estrictamente laboral: se trataba (y se trata) de defender la fuente de trabajo y a la organización sindical. Es innegable además que la dirección del SME, con sus formas propias de vida sindical, ha conducido esa lucha. Nunca hubo una perspectiva clasista (revolucionaria) de la base enfrentada a una perspectiva pro-patronal (capituladora) de la dirección. De hecho, la dirección del SME y la base de trabajadores agrupada en torno a ella (porque muchos se fueron con la disidencia o aceptaron la liquidación) han luchado, en principio, no por la clase trabajadora sino por su fuente de trabajo. En segundo lugar, más allá del cuestionable relato sobre una dirección del SME contrapuesta a la base electricista en combate, el ataque a la dirección del SME niega la reciente historia de lucha solidaria y contra el neoliberalismo que han encabezado los electicistas, razón por la cual suscitó el respaldo de prácticamente todos los movimientos sociales significativos de nuestro país. Pero, ¿por qué tenemos versiones tan diferentes de la lucha del SME?
Segunda diferencia: fantasía sectaria estática o análisis de la dinámica social
Las políticas sectarias pueden ser la expresión de grupos políticos que se han vuelto sectas. Mientras un grupo político de izquierda socialista busca unirse a los movimientos sociales, a los trabajadores, para aprender de ellos e intentar desarrollar en su seno políticas emancipadoras, las sectas son comunidades separadas con seguidores que comparten creencias desde las cuales juzgan la realidad y dictan políticas abstractas. En todo caso, actuar como secta es tomar distancia de los movimientos, juzgarlos desde sus creencias y, como depositarios de la verdad, dictarles sus políticas. En el caso de que los movimientos no las sigan, estos serán descalificados. Por eso, la perspectiva política sectaria es necesariamente estática, apriorista y prejuiciada. Por lo contrario, un grupo político de izquierda socialista debe intentar tener una perspectiva dinámica del desarrollo de la lucha y de la conciencia, para enjuiciar después de las experiencias. Una secta política de izquierda sustituye la realidad con sus creencias y desde ellas califica los movimientos. El párrafo que sigue, de nuestro crítico Pablo Oprinari, puede servir para detectar si hay o no síntomas de este tipo de pensamiento sectario:
“Para avanzar hacia una perspectiva “clasista”,  se requería por ejemplo, un programa que le exigiese a las demás direcciones sindicales la convocatoria a un verdadero paro nacional y, en primer lugar, a quienes se reclamaban opositoras, como la Unión Nacional de Trabajadores (UNT). De esa forma se pondría en acción la fuerza de amplios sectores de la clase obrera, paralizando lo más posible la economía capitalista. A esto se negó la dirección electricista, que se limitó a presentar como “huelgas nacionales” jornadas de lucha donde sus aliados de la dirección de la UNT no impulsaron el paro; se permitió así que estos aliados pasaran como combativos mientras llevaban la lucha al aislamiento, dejando solos a los 44 mil heroicos electricistas que perdían su fuente de trabajo.”
Desde mi punto de vista hay preocupantes síntomas sectarios, de sustitución de la realidad por la fantasía, en el párrafo citado, a saber: 1) suponer una única manera de avanzar hacia una perspectiva “clasista”, 2) suponer la posibilidad de que el SME pudiera “exigir” a otras direcciones sindicales que se plegaran a sus políticas, 3) suponer que las direcciones sindicales pueden imponer huelgas a sus agremiados, 4) ¡suponer que la UNT le haría caso al SME!, 5) suponer que las fuerzas agrupadas en torno al SME (incluida la UNT) podrían paralizar la economía capitalista, 6) suponer que era posible una Huelga Nacional, 7) suponer que la dirección del SME no planteó la Huelga, 7) suponer que la dirección del SME permitió que su lucha se aislara y “44 mil heroicos electricistas” perdieran su fuente de trabajo.
Creo que todos los supuestos de este párrafo son falsos o absurdos: el movimiento del SME llevó a la dirección y a sus bases más allá de la lucha laboral: la condujo al terreno de la política, a la necesidad de disputar el poder con un partido de los trabajadores; por otro lado, ningún movimiento social puede exigir que se plieguen a sus políticas ni imponer Huelgas Nacionales decididas por las direcciones sindicales; además, pensar que la UNT es aliada al SME y que realizaría un Huelga con un carácter nacional que paralizaría la economía capitalista refleja un desconocimiento de la historia y la composición de la UNT; el colmo de todo es responsabilizar a la dirección del SME del ataque del gobierno calderonista y de la pérdida de las fuentes de trabajo de 44 mil trabajadores, muchos de ellos poco heroicos por divisionistas y cómplices de la patronal.
Resulta difícil debatir sobre tácticas y estrategias de izquierda cuando la fantasía política sustituye el análisis concreto y objetivo de la realidad social.   
Tercera diferencia: justificación clasista para una estrategia aventurera y ultraizquierdista o solidaridad con una lucha sindical que llega a la necesidad de una lucha política con un partido de los trabajadores
Separados del movimiento, juzgándolo desde fuera con creencias y fantasías que han sustituido a la realidad, manejando políticas abstractas y divorciadas de la realidad concreta, es posible proponer barbaridades fantasiosas o aventureras como las siguientes:
“Una perspectiva de ‘ruptura radical’ requería poner en el centro de la acción los métodos de lucha del movimiento obrero, preparando a los trabajadores para la recuperación de las instalaciones con el apoyo de los demás sindicatos y organizaciones solidarias. En oposición a ello, Esparza y la mayoría del Comité Ejecutivo del SME, impusieron la confianza en la salida legal, tras la política de “resistencia legal, civil y pacífica” de López Obrador; subordinándose a la estrategia tantas veces propugnada por el PRD y el PT, llamaron a esperar la acción favorable de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).”
Según esto, una estrategia clasista, de “ruptura radical”, era promover la recuperación de las instalaciones “con el apoyo de los demás sindicatos y organizaciones solidarias”. No se señalan, por cierto, pequeños detallitos como que las instalaciones estaban resguardadas por la PFP, que la tentativa de recuperación podría volverse una confrontación violenta, con muertos y arrestos, cuyo resultado sería un golpe definitivo y fatal al SME. Esos asuntos concretos parecen no importar en la supuesta “estrategia clasista” que debió seguirse.
Para un grupo socialista, con una política emancipatoria de largo plazo, no todo es estrategia, también hay tácticas políticas. La “estrategia” consiste, para la izquierda socialista, en la toma del poder, el avance hacia el socialismo; las “tácticas” son los medios políticos que permiten desarrollar tales políticas estratégicas (construcción de partido, participación electoral,  Frente Único, etc.). Con todo, hay diversas estrategias y tácticas en la muy diferenciada clase trabajadora (en sindicatos, organizaciones campesinas, grupos ecologistas, etc.). 
En una lucha sindical (o campesina, estudiantil, etc.) se puede desarrollar muchas tácticas, todas ellas subordinadas a sus particulares fines estratégicos. Por eso, no toda táctica (que no estrategia) resulta conveniente en una lucha. Ser radical, buscar una “ruptura radical”, no quiere decir enfrentarse con la policía o propiciar la represión de un movimiento, significa más bien ir a la raíz del problema y plantearse romper políticamente con el sistema capitalista en una lucha estratégica. Éste es justamente el camino recorrido por el SME en estos meses: rompieron con los horizontes limitados que impone el sistema capitalista a la lucha sindical y avanzaron hacia la perspectiva de una solución que atacara la raíz de la explotación y opresión de los trabajadores: hacia una lucha política del conjunto de los trabajadores, con una perspectiva estratégica de cambio social. 
Sin embargo, insistir en la necesidad de una política de “recuperación de instalaciones” en un balance crítico de la lucha del SME sólo expresa un desconocimiento de las circunstancias concretas de la lucha del SME. Sobre este asunto en particular, desde el principio de esta lucha se advirtió públicamente sobre la trampa montada por el gobierno (puesta por escrito en documentos oficiales secretos) para reprimir a la organización sindical (y encarcelar a su dirección) en el caso de intentar tomar las instalaciones. Sobre esto escribió en La Jornada José Antonio Almazán en “Los expedientes reservados contra el SME”, el 5 de noviembre de 2009.
Como PRT, desde el principio apoyamos incondicionalmente a la lucha del SME, sin hacer falsas distinciones entre la dirección y la base. Supimos de su división interna, de la provocación montada (que luego se hizo pública) en el caso de intentar recuperar las instalaciones, de su paulatino desgaste, del derrumbe del derecho laboral ante su caso, de su discusión sobre la necesidad de una herramienta política. Sin prejuzgar, respaldamos una lucha sindical que buscó diversas salidas a sus justas demandas, sin dejar de expresar nuestras reservas a las supuestas soluciones legales. Cuando llegaron a plantear la necesidad de un proyecto político de la clase trabajadora, saludamos la iniciativa y nos comprometimos a participar “en la construcción de un instrumento político capaz de organizar a amplios sectores de masas de las y los trabajadores, mediante la unidad y la independencia clasista.”
Pero para nuestro crítico la realidad es estática y no se ajusta a sus creencias. Cualquier sindicato en lucha no busca romper con el sistema sino negociar sus demandas; en el caso del SME la lucha resultó desesperada porque se buscó abiertamente, rompiendo las normas laborales, la liquidación del sindicato para hacer negocios y preparar el terreno de la ya anunciada próxima reforma a la Ley Federal del Trabajo. Sin embargo, fue la dinámica de esta lucha lo que precipitó que el SME, sin abandonar su lucha sindical, se planteara la necesidad de la lucha política, con su propio instrumento político, para defender los intereses del conjunto de los trabajadores (y del pueblo, dicen con orgullo los smeítas).
Desde una mirada que simplifica la realidad y la vuelve estática se puede afirmar que la iniciativa política del SME  de formar un partido de los trabajadores “lejos de ser ‘rupturista’ y clasista como pretende el PRT, demostraba una perspectiva de colaboración de clases con sectores que representan políticamente y en su programa los intereses de la burguesía.” El problema es que esa mirada no entiende nada cuando la realidad se escapa de sus esquemas y cambia, mezclando las demandas laborales (recuperar la fuente de trabajo) con las propuestas políticas (formar un partido de los trabajadores).
¿En verdad resulta tan difícil registrar la dinámica de la lucha sindical y la evolución política del SME? ¿Es muy complicado distinguir entre el nivel laboral y vigente de la lucha inmediata del SME (recuperar su fuente de trabajo) y su propuesta política de lucha estratégica (partido de trabajadores, proyecto de nación, etc.)?
Cuarta diferencia: Huelga General para derrotar al gobierno o lucha política con un programa anticapitalista, Frente Único y partido revolucionario
Para una secta de izquierda que hace abstracción de la realidad concreta, compleja y cambiante, la política socialista deja de ser apuesta incierta que trata de ligar las demandas inmediatas con los objetivos estratégicos y se vuelve una receta sencilla: movilizarse en las calles, hacer un paro nacional, unirse todos democráticamente y desde las bases para vencer al gobierno. Veamos como lo dice nuestro crítico:
“Desde la LTS, a través de nuestra intervención cotidiana en la lucha y como hemos propuesto desde las páginas de Estrategia Obrera, sostuvimos una política alternativa para derrotar la ofensiva del gobierno, para lo cual era fundamental impulsar la movilización en las calles, el paro nacional y la autoorganización democrática de las bases electricistas, con independencia de los partidos e instituciones del régimen patronal; y apelando a la más amplia solidaridad y la unidad en la acción con los demás sindicatos, el movimiento estudiantil y los sectores populares.”
Si no sigues esta receta, sostienes “una política pacifista y reformista” y eres culpable de la derrota. Por eso, para nuestro crítico, con su mirada estática y simplificadora de la realidad, se debe quitar al “principal obstáculo” que impide la aplicación de la receta: “la orientación que impuso y sigue imponiendo la dirección del sindicato.”
“Pero los compañeros del PRT no plantean esto, evitan llamar a las cosas por su nombre y se ubican acríticamente detrás de la dirección de Esparza.”
-No, claro que no planteamos estas barbaridades. Pero, ¿dónde y cómo nos ubicamos?
II. Sobre tácticas y estrategias para una política de izquierda (a propuesta del PRT)
-Nos ubicamos críticamente, con nuestras banderas socialistas, al lado de una dinámica de lucha que ha llevado a los trabajadores a la necesidad de un partido revolucionario de los trabajadores, que plantea la discusión de un programa anti-capitalista y la auto-organización de los trabajadores para su emancipación. Por cierto, ¿conocerá Pablo Oprinari las propuestas que llevó el SME al Congreso Social?
-Y sí, también llamamos a formar un Frente Único que, en principio, se unifique contra el neoliberalismo, para luego empujarlo contra el capitalismo. Por eso buscamos la constitución de una fuerza social lo suficientemente poderosa como para combatir al neoliberalismo con efectividad.
Por eso nos parece que no es el momento para una campaña electoral propagandística sino de sumar fuerzas sociales y políticas (las organizaciones y los movimientos sociales agrupados en el Congreso Social, la herramienta política del SME, el movimiento cívico electoral de AMLO), para luchar contra el régimen oligárquico neoliberal y disputar en un nuevo bloque histórico emergente la hegemonía, con políticas anticapitalistas y socialistas.
Recordamos, otra vez, a Trotsky, no como autoridad sacra sino como transmisor de experiencias que pueden nutrirnos: el partido que pretende ser revolucionario -decía- construye su “camino organizativo” promoviendo “acciones coordinadas conjuntas”, de Frente Único,  entre las masas, sean socialistas o no, para intentar conquistar hacia sus políticas a la mayoría de los trabajadores. De no hacerlo, “degeneraría en una sociedad de propaganda comunista”, pero “nunca se desarrollaría como un partido que lucha por la conquista del poder.”
Como se puede apreciar, la política del Frente Único no significa “subordinación política a partidos burgueses” sino un “camino organizativo” para salir de la mera actividad propagandística y la pasividad política e impulsar “acciones de masas” en las que la izquierda socialista debe conquistar con sus políticas a las mayorías, encauzándolas hacia el anti-capitalismo y el socialismo, recomenzando de esta manera la revolución permanente.
Sin embargo, Pablo Oprinari traza un signo de igualdad entre Frente Único y subordinación política a un programa y partido ajeno a la clase obrera. Toda su crítica a nuestra política es desarrollada sobre esa ecuación.
Aunque ya tratamos de aclarar que para nosotros no hay tal equivalencia, podemos volverlo a plantear en sus propios términos: si se tratara de participar en un movimiento meramente electoral, que pretendiera poner límites a las demandas anti-capitalistas de los trabajadores y generar ilusiones en las masas sobre un gobierno que sólo pretende reformar al capitalismo, entonces iríamos a ese movimiento llamando a los trabajadores a organizarse más allá de lo electoral y con independencia de clase, a plantear nuestro programa de transición (que liga demandas inmediatas con demandas anti-capitalistas), a cuestionar las ilusiones, a politizarlo y radicalizarlo, pero nunca a subordinarnos.
Para nosotros es claro que la LTS no se subordinaría a ese movimiento, pero se mantendría ajeno a él; debería ser claro que el PRT tampoco se subordinaría, aunque participaría en él para hacer política de izquierda socialista, esto es: para propagandizar, organizar, movilizar, cuestionando al capitalismo y tratando de ganar a las mayorías con un programa de transición en torno a un poder colectivo y democrático que apunte hacia una ruptura radical que recomience la revolución permanente.
Sabemos que el programa político que sostiene el movimiento de AMLO no es anti-capitalista ni socialista, razón por la cual es inviable porque gran parte de sus propuestas chocan con los estrechos marcos de la lógica capitalista. Pero la debilidad de su programa es nuestra fortaleza: si, como esperamos, el movimiento se vuelve de masas, cobra fuerza y se confronta con el poder (en las elecciones y/o después de ellas), nuestras demandas de transición pueden llegar a las masas y abrir procesos de radicalización y de ruptura. Por eso es tan importante el proceso político que vive el SME, que puede volverse, en un movimiento de masas que dispute el poder político, un polo de los trabajadores que empuje hacia políticas anti-capitalistas. 
Pablo Oprinari insiste en la importancia del programa “clasista”. Suponemos que quiere decir programa de transición, anti-capitalista y socialista. De acuerdo, es importante y es nuestra tarea como izquierda socialista plantearlo. Pero una cosa es plantearlo en frío, al margen de los movimientos, y otra en caliente: en movimientos de masas. Tal vez por eso Marx sostenía que valían más los pasos de movimientos reales que “docenas de programas”. Y agregaba: si no se podía ir más allá en el programa, habría que concertar acuerdos “para la acción contra el enemigo común.” Sí, eso decía Marx en uno de sus últimos escritos:
Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas. Por lo tanto, si no era posible y las circunstancias del momento no lo consentían ir más allá del programa de Eisenach, habría que haberse limitado, simplemente, a concertar un acuerdo para la acción contra el enemigo común.” (Karl Marx, Glosas marginales al Programa del Partido Obrero Alemán)
 
III. Sobre contradicciones y tendencias anti-capitalistas (a propuesta de la realidad social)
Que la realidad social sea un todo complejo y discordante, dinámico y contradictorio no debería resultar extraño para un socialista marxista. De hecho, el propio socialismo se liga y alimenta de una tendencia emancipadora de la modernidad que convive, en conflicto permanente, con otra tendencia bárbara y depredadora: la de la racionalización capitalista. Por eso vivimos una época desgarrada, contradictoria y conflictiva, definida por la lucha entre la tendencia crítica y liberadora (que nutre y sostiene nuestro proyecto socialista) enfrentada a la tendencia enajenante y enajenada del capitalismo.
Este desgarramiento social se puede expresar en el propio carácter personal, en la cultura y el arte, en la misma economía (en ese combate sordo e invisible que se da en la esfera de la producción) o en la política, en el pensamiento, en los discursos y en las acciones, en los movimientos sociales… Ver esos fenómenos como monolíticos y fijos es percibirlos de modo parcial, porque la realidad social es cambiante y está desgarrada por tendencias en conflicto. Negar que esto sea así es fácil, pero probarlo no.
Tal vez por ello, cuando Pablo Oprinari y Guillermo Almeyra niegan que el proyecto del Movimiento por la Transformación de México de AMLO sea contradictorio y tenga tendencias anti-capitalistas, a la hora de criticarlo lo hacen por contradictorio. Veamos un ejemplo:
“Es evidente -dice Pablo Oprinari- que no puede considerarse como anticapitalista un programa que se encuentra íntegramente en los marcos de un proyecto de humanización y reforma del capitalismo; es decir que no sostiene una sola demanda que cuestione o contradiga las bases ‘capitalistas nacionales’ de ese Proyecto.”
-Entonces, ¿es posible humanizar y reformar en ese sentido al capitalismo? Si se dice que sí, el proyecto de AMLO es viable y el capitalismo tiene potencialidades civilizadoras insospechadas. ¿Pero no acaso el capitalismo implica enajenación, cosificación, explotación, desigualdad e injusticia social, ecocidio  e incluso el recrudecimiento de formas de opresión pre-capitalistas (patriarcalismo, esclavitud, servidumbre, etc.)? La única respuesta posible a la pregunta es que no es posible reformar y humanizar al capitalismo que es, en lo fundamental, un proceso enajenado de deshumanización.
Si, como dice Opriani, el Proyecto Alternativo de Nación del movimiento en torno a AMLO propone una reforma humanizante al capitalismo pero ello no es posible por el propio capitalismo, la aspiración humanizante es negada, en el discurso mismo, por su afirmación de un capitalismo nacional. Conclusión: el Proyecto Alternativo que propone AMLO es un discurso contradictorio. Y las contradicciones vienen del intento de juntar, en un discurso, tendencias sociales que están en conflicto, que se niegan entre sí.
Desde esta óptica, el propio fragmento citado de Opriani también es contradictorio: por un lado afirma que el programa de AMLO pretende reformar humanizando al capitalismo, lo cual es imposible y va contra su propia esencia, y por otro lado dice que no sostiene “una sola demanda” que contradiga al capitalismo, olvidando que él mismo ofreció una (la de humanizar al capitalismo). De hecho, como se dice en el “Saludo y crítica al Proyecto…”, “colocado en el marco del capitalismo tardío, el Proyecto Alternativo de Nación naufraga como programa político viable” porque, por ejemplo, afirma la necesidad de la justicia social y del desarrollo de un capitalismo nacional que necesariamente la niega, plantea el desarrollo sustentable y no cuestiona una dinámica capitalista que contradice toda sustentabilidad, propone una democracia participativa pero deja intocado el poder oligárquico liberal.  
Oprinai afirma que pretendo demostrar el carácter “radical” del proyecto cuestionado (término que no utilizan los autores tampoco) cuando de manera explícita señalo varias veces su carácter no radical en el sentido de que no va a la raíz de la crisis civilizatoria denunciada: la necesidad de terminar con el capitalismo. Por cierto, algunos de sus autores son declarados anti-capitalistas radicales, como Armando Bartra y Bolivar Echeverría, quien seguramente redactó el siguiente párrafo, lleno de resonancias anti-capitalistas e incluso ecosocialistas:
“Nuestro proyecto está inscrito en el contexto planetario. Hoy se vive una crisis de la civilización industrial, del capitalismo tardío, materialista y tecnocrático. El destino de la nación no está aislado de lo que ocurre en el mundo. El reto político del país es también un dilema civilizatorio: o seguir alimentando una modernización que explota, margina y enajena a la ciudadanía, que vuelve al mundo un lugar de mayor degradación, que es una amenaza ecológica, que concentra los capitales y pone a la política al servicio de las élites; o, por el contrario, una modernidad alternativa basada en el equilibrio ecológico, el uso democrático y racional del agua, la energía, la biodiversidad, la tecnología y los conocimientos científicos, el control social del mercado y de los poderes políticos, la democracia participativa y la recuperación de la cultura en tanto riqueza diversa y factor dinámico de nuestra historia. Esto supone reconocer la necesidad de descolonizar el pensamiento. Asumimos como referentes las visiones basadas en el "buen vivir" y las valiosas innovaciones culturales, morales, políticas e ideológicas nutridas en la vida de nuestros pueblos originarios y afroamericanos. En consonancia, la transformación que proponemos representa un cambio democrático del poder político y la reconstrucción del poder social.”
¿Quién puede negar que en él se expresa una tendencia anti-capitalista, sin embargo negada por otros párrafos en los que se afirma la necesidad de un capitalismo nacional?
En realidad, nuestro crítico no reflexiona demasiado sobre el carácter contradictorio del programa de nación del movimiento en torno a AMLO tratando de dar autoridad a su juicio de que no hay en él tendencias anti-capitalistas con el de Guillermo Almeyra, citado de manera descontextualizada y parcial. Y es que el juicio completo de Almeyra es que no es necesario encontrar en tal proyecto tendencias anti-capitalistas para participar en un movimiento de masas con una política de izquierda socialista. La autoridad citada por el crítico en realidad lo desautoriza. Y, para decirlo todo, el propio Almeyra recae en el error de Opriani: niega que existan en él tendencias anti-capitalistas pero cuando lo evalúa críticamente detecta contradicciones por introducir elementos anti-capitalistas. Veamos cómo lo dice Almeyra:
“El Proyecto Alternativo de Nación, contradictoriamente con lo anterior y con el corazón mismo de sus propuestas (renovar un capitalismo nacional), dice que hace suya la concepción indígena andina del Buen Vivir la cual, como se sabe, se opone al neodesarrollismo, a la minería, a todo lo que afecte el ambiente, al monocultivo masivo, a la política extractiva basada en la explotación a fondo de los recursos en hidrocarburos. O esa declaración sobre el Buen Vivir es simplemente un tributo a la moda cultural actual o está en total contradicción con el tipo de economía y de política que ofrece el documento que analizamos y, por lo tanto, conviene desarrollar la frase como una política de protección ambiental, de consumos y producción alternativos para conseguir el apoyo de los ambientalistas y, lo que es más importante, de las víctimas de la comida chatarra, de la deforestación, del arsénico en el agua, de las minas-trampas mortales, del desastre ambiental en general.”
Pero dejemos este asunto y volvamos a las cuestiones de estrategia política.
IV. Sobre anti-neoliberalismo y anti-capitalismo
Para entrar al centro de la cuestión regreso a una sorprendente cita del texto de Opriani:
“Que López Obrador y la dirección de su movimiento choquen con los intereses políticos de priistas y panistas, nada tiene que ver con un curso anticapitalista.”
Sostener que es posible que un movimiento de masas choque con un régimen político oligárquico y neoliberal y que eso no tiene nada que ver con un curso anti-capitalista es dejar de lado toda la cuestión de la lucha estratégica y táctica de la izquierda anti-capitalista y socialista, es abandonar la propia idea de la revolución permanente, del Programa de Transición, y reducir la actividad de un grupo político de izquierda socialista a una sociedad de propaganda.  
-¿Qué se propone la LTS entonces como política de izquierda? Que el SME construya la herramienta política de los trabajadores e impulse “hacia el 2012 una candidatura independiente y sin registro, discutida democráticamente por organizaciones obreras y de izquierda.” Esto es: propone hacer propaganda “clasista” pero no intervenir en el posible conflicto político de un movimiento social anti-neoliberal que choca con el régimen oligárquico neoliberal. Ello refleja la carencia de un pensamiento estratégico y táctico en una izquierda que ha preferido encerrarse en una perspectiva estrechamente obrerista que niega frentes plurales y anti-capitalistas.
Lo significativo del texto citado es que reconoce la posibilidad de un choque político en la próxima coyuntura electoral, eventualidad en la que fundamos nuestra apuesta política. Pero más significativo aún es desvincular esa posible crisis política con un “curso anti-capitalista”, con una intervención de la izquierda socialista en ella.
La LTS debería reflexionar y reconocer que ante coyunturas de este tipo sus referentes políticos y programáticos sólo se traducen en política de secta propagandística que deliberadamente se coloca al margen de los movimientos de masas y sus luchas anti-neoliberales. Pensamos, por el contrario, que la izquierda socialista debe participar en movimientos de masas anti-neoliberales pugnando por volverlos batallas contra el capitalismo y por un socialismo democrático, internacionalista, feminista y ecosocialista.
Para Guillermo Almeyra no es necesario que el programa o el movimiento alrededor de la candidatura presidencial de AMLO tengan elementos tendencialmente anti-capitalistas para participar en él con nuestras críticas y banderas socialistas. Sin embargo, no es posible negar que el rechazo al neoliberalismo es un referente común tanto en las organizaciones sindicales y campesinas como en el movimiento cívico-electoral en torno a AMLO. Y estamos convencidos, como lo dice Daniel Bensaïd, “que un anti-neoliberalismo consecuente acaba en el anti-capitalismo, y que los dos son integrados por la dinámica de las luchas.” Empujar la lucha en tal sentido define a nuestra apuesta política.
Por eso no nos proponemos realizar ninguna “operación teórica” para descubrir el anti-neoliberalismo de AMLO: para él la causa última y fundamental de los males del país es una doctrina (el neoliberalismo) y la mafia en el poder. Por ello mismo no cuestiona la dinámica capitalista ni el nuevo imperialismo. Falta en su proyecto político la propuesta radical de cambiar al mundo capitalista para transitar hacia otra civilización, ecosocialista. En fin, es claro que AMLO no es anti-capitalista o socialista sino anti-neoliberal. Pero una fuerza social que haga política contra el neoliberalismo y el régimen oligárquico en México suscitará la unidad de todos los movimientos anti-neoliberales; la tarea de la izquierda radical, socialista, será tratar de llevarlos al anti-capitalismo y al ecosocialismo. (Por cierto, nosotros no afirmamos, como dice nuestro crítico que decimos, que Hugo Chávez y Evo Morales sean los depositarios del “socialismo del siglo XXI”, simplemente afirmamos que con sus políticas anti-imperialistas han reabierto en América Latina el debate sobre el socialismo, al que la izquierda revolucionara deberá de dar contenido ideológico.)
Para ir terminando: no inventamos ningún anti-capitalismo de AMLO ni pretendemos impulsar un Nuevo Partido Anticapitalista en México.
Seguimos defendiendo el proyecto de que es necesario y urgente un Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), anti-capitalista y abiertamente socialista, que puede encontrar una nueva oportunidad de cobrar fuerza política ante el fatal declive político-electoral, ideológico y ético del PRD y el desarrollo de nuevos movimientos de masas que enfrenten, como todo indica que sucederá en un corto plazo (sea en el 2012 o más adelante) al régimen oligárquico neoliberal, abriendo de esta manera la posibilidad de que recomience la revolución permanente en nuestro país.

POR:
Andrés Lund Medina